Verástegui, Xóchitl y las elecciones de EU y México de 2024

Las elecciones en México y Estados Unidos estarán unidas por algo más que la coincidencia de calendarios.

Religión y vida pública: Trump, puntero republicano en las elecciones en EEUU, expresó su apoyo a Eduardo Verástegui como candidato en las elecciones mexicanas de 2024.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

Cada doce años, las elecciones generales en México y Estados Unidos se sincronizan. En México ocurrirán, según la nueva práctica, el dos de junio, primer domingo de ese mes y en Estados Unidos, como ha sido desde que se fundó el país, el primer martes de noviembre, en este caso, el 5 de ese mes.

Hasta ahora eso no había planteado mayores retos al análisis o a la movilización de votos a ambos lados de la frontera común. Sin embargo, la cada vez mayor integración de los mercados de ambos países, sumados a la globalización de ideas, formas de entender el mundo y lo que da forma al mundo, ha terminado por hacer que las elecciones en México y Estados Unidos en 2024 estén unidas por algo más que la relativa coincidencia de los calendarios.

Esta semana que recién concluyó, los mexicanos tuvimos una primera degustación de la manera en que esta sincronización ocurrirá. Las cuentas de redes sociales de Donald Trump, puntero en la primaria del Partido Republicano, anunciaron que asistiría a una función especial de la película producida por Eduardo Verástegui, The sound of freedom.

La cinta fue presentada en Fox, la que solía ser la cadena de TV preferida del movimiento de Trump, el MAGA (Make America Great Again, o Hagamos Grande a Estados Unidos de Nuevo) por el propio Verástegui y por Jim Caviezel protagonista de la cinta.

Al ser cuestionado por uno de los anfitriones de Fox, Caviezel dijo seguir siendo “Jesucristo”, papel que representó en la cinta de 2004 de Mel Gibson, La pasión de Cristo, pero—según él—Trump era "Moisés" y sólo él, Trump-Moisés, podía salvar a los niños de ser secuestrados.

La referencia de Caviezel tiene que ver con que la cinta aborda un problema real, efectivo: hay un comercio criminal de personas, no sólo niños o niñas y ese comercio criminal tiene que ver con el abuso sexual.

Que Caviezel dijera que “sólo Trump” podía salvar a “los niños” de ser secuestrados, implica en un sentido, que los demócratas o no pueden o no quieren hacerlo. Resulta difícil entender que se diga algo así porque, en todo caso, no es un problema que sólo competa a los demócratas de Estados Unidos.

Es competencia de los muchos países que, lamentablemente, toleran que existan redes de abuso sexual, no sólo de menores de edad.

En otro sentido, implica desconocer que Trump ya tuvo una oportunidad de cuatro años para ser presidente. Hasta donde me ha sido posible investigar, su gobierno no puso especial atención en resolver ninguno de los muchos aspectos del muy complejo problema del abuso sexual.

Lejos de ello, si Trump se ha distinguido por algo, es por ser él mismo acusado de abusar sexualmente de otras personas. Hace menos de tres meses que un tribunal de Nueva York lo encontró culpable de haber abusado de la escritora E. Jean Carroll y algo de lo que él mismo, el propio Trump, alardeó en los ahora muy famosos audios del programa de TV Access Hollywood.

En esos audios, Trump habla de la manera en que él solía agredir a las mujeres que tenían la mala suerte de encontrarse con él al “agarrarlas del coño” (grab them by the pussy) y abusar de ellas, como se puede escuchar en el vídeo que aparece a continuación.

A pesar de que eso debería ser suficiente para desacreditar a cualquier persona para ser presidente municipal, el vetusto sistema electoral de Estados Unidos le permitió ganar la elección presidencial de 2016 y tener ahora una oportunidad no sólo para volver a ser presidente de su país, sino para influir en los resultados de las elecciones de distintos países, incluido—desde luego—México.

Que tiene ese interés se vio ya en su campaña de 2020 cuando nombró a Verástegui como un enlace de su campaña con las comunidades latinas, además de ofrecerle cargo en su gobierno si ganaba la reelección.

El cargo operaba desde la Casa Blanca, pero tenía implicaciones electorales para la que fue la primera campaña de Trump en busca de la reelección. Y ya desde entonces no se trataba sólo de que Verástegui actuara nada más en Estados Unidos.

La apuesta por el voto latino emergió a pesar de que dice Michael Cohen, uno de los muchos abogados que han trabajado para Trump en los últimos 40 años. El abogado neoyorquino publicó en Disloyal. A memoir, el libro que recoge sus memorias, que el propio Trump en algún momento dijo, hablando de sí mismo en tercera persona, que los “latinos y los negros son demasiado tontos para votar por Trump”. La afirmación aparece en la página 240 de la edición en formato ebook del libro de Cohen, como se puede ver en la captura de pantalla que aparece a continuación:

 

Captura de pantalla del ebook del libro Disloyal. Las memorias del exabogado de Trump, Michael Cohen.

Se trataba de que lo hiciera también en México, en su propia campaña. Ello quedó evidenciado ya desde febrero de ese año. A principios de ese mes, Steve Bannon, organizó una cena en uno de los hoteles más lujosos de Washington, DC, el Hay Adams, a la que, además de invitar a Verástegui participaron líderes de partidos populistas de derecha de distintos países.

Y Verástegui no ha dejado de actuar en esa lógica. Aprovechó las condiciones que generó la pandemia de coronavirus, que hizo de las redes sociales un espacio de uso frecuente para las iglesias, incluida la católica, y desde ahí se dedicó a construir la pretensión de que él representa al catolicismo mexicano.

Uso político de la religión

Es un uso político de la religión al que no estamos acostumbrados en México. La ficción de que el “Estado laico” (lo que sea que esa construcción sea) nos iba a salvar, ha sido el sucedáneo de políticas públicas que reconozcan que uno no puede extirpar a lo religioso de la vida pública y que es mejor lidiar con la realidad de la religión que insistir en el mito de que se le puede forzar a ser un tema privado.

El uso político de la religión a manos del equipo de Verástegui ha pasado “bajo el radar” tanto del Instituto Nacional Electoral como del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. No es que sean culpables o que sean corruptos. Es que no había manera de condenarlo, pues supo disfrazar hábilmente sus actividades como algo que competía sólo al ámbito de lo religioso.

Era rezar el rosario para que México superara la pandemia de coronavirus. Era difícil condenar eso, cuando se veía a Andrés Manuel López Obrador, presidente de la República, presumir su “Detente”, una de las prácticas del catolicismo popular mexicano, como una suerte de escudo contra el virus en marzo de 2020.

 

Captura de pantalla de La Mañanera del 18 de marzo de 2020.

En ese sentido, México ha caído víctima de su confianza en algo que ya sabíamos que no servía de cosa alguna. Si el “Estado laico” fuera la maravilla que la historia oficial nos ha contado en México, nuestro país se habría librado de la plaga del abuso sexual a manos de clérigos.

No fue así, de hecho, cuando se compara a Marcial Maciel y la Legión de Cristo con otras organizaciones religiosas involucradas en el abuso sexual de gran escala, Maciel destaca por su capacidad para operar como lo hizo con la complicidad de las instituciones del muy laico Estado mexicano y de una jerarquía católica a la que le encanta presentarse como la víctima perpetua de conspiraciones para destruirla.

Ello a pesar de que, en los hechos, son clérigos como Maciel, quienes conspiran para destruir la vida de sus víctimas y preservar la apariencia de su celibato y pureza.

En todo caso, la realidad es que Verástegui será un factor en la elección mexicana de 2024. No me queda claro si será candidato independiente o si algún partido estará dispuesto a hacerlo su candidato. No creo que gane la elección, pero tampoco necesita ser presidente para convertirse en una figura clave de la política en el futuro inmediato de México.

 

El arzobispo de San Luis Potosí, México, Jorge A. Cavazos Arizpe y Verástegui en la sacristía de la catedral de SLP, 14 de mayo de 2023. Foto del Facebook de Verástegui.

Basta ver el caso de Vox que, desprendido del Partido Popular, logró hacerse este domingo 23 de julio de poco más del diez por ciento del voto en la elección general adelantada en España.

Además, hace poco más de un mes que se hizo del control de un número importante de espacios de gobierno desde los que dicta, directa o indirectamente al Partido Popular el rumbo que esa organización, la mayoritaria de la derecha española debe seguir.

Las condiciones son distintas en México, empezando por que acá es más difícil crear un partido político, pero no sería la primera vez que el Verde Ecologista rompiera con sus socios de coalición.

Lo hicieron cuando abandonaron la nave del foxismo para unirse al Partido Revolucionario Institucional de Enrique Peña Nieto y lo pueden volver a hacer luego de la elección de 2024 si las condiciones son propicias.

En el corto plazo, sin embargo, habrá que ver qué hace la Conferencia del Episcopado Mexicano que, hasta ahora, ha estado dispuesta a jugar el juego que le marca Verástegui.

Ello en el entendido que no sólo le legitiman los obispos al participar en los rosarios que el ahora muy piadoso Verástegui reza en público, a pesar de su vida privada marcada por supuestas filtraciones de su homosexualidad que, si es real, no me interesa,

 Portada de la revista TV y Novelas. Abril de 2010.

También le legitiman políticos de los tres principales partidos políticos de México. En los últimos meses, las cuentas de redes sociales de Verástegui han dado cuenta de sus encuentros con gobernadores tanto de Morena, como el de Sinaloa, Rubén Rocha Moya como de otros partidos, como en el caso del de Jalisco, Enrique Alfaro, con quien se reunió en agosto de 2022.

También lo ha hecho con alcaldes de los partidos Acción Nacional, como el de Morelia, Alfonso Martínez Alcazar, o del Revolucionario Institucional, como el de San Luis Potosí capital, Enrique Francisco Galindo Ceballos.

 El gobernador de Sinaloa (Morena) Rubén Rocha Moya y Eduardo Verástegui. Del Facebook de Verástegui 1 de marzo 2023.

Hundir a Xóchitl

En lo que hace a Xóchitl Gálvez, el efecto Verástegui puede ser devastador. No necesita ganar la elección para hacer que Gálvez pierda. Es un hecho que ambos apelan a un sector del electorado similar y que, como hacía ver la semana pasada en esa serie Religión y vida pública, la diferencia clave entre Gálvez y muchos de los más conocidos dirigentes del Partido Acción Nacional es el tema del aborto.

Ese es un tema que la Iglesia Católica usó como el eje fundamental de todas sus decisiones políticas. Fue por el aborto, como detallé en la primera entrega de esta serie, que el cardenal y arzobispo de Managua, Miguel Obando Bravo estuvo dispuesto a apoyar contra y viento a Daniel Ortega, quien se convirtió en un dictador gracias al apoyo ciego, irracional, de los obispos nicaragüenses.

Arreados por Obando y con la venia de Benedicto XVI, los obispos nicaragüenses no dudaron en hacer de la Iglesia Católica la caja de resonancia y agente legitimador de las decisiones de Ortega durante los primeros años de su segunda presidencia.

 

 

A Verástegui le basta que los obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano sigan tomándose fotos con él para enviar el “dogwhistle”, es decir, el silbido de baja frecuencia que sólo pueden escuchar quienes entiendan el mensaje que, para los obispos mexicanos, como para Obando en la primera década de este siglo, lo importante sigue siendo el aborto.

Lo que es más, Verástegui apenas la semana pasada descalificó a Gálvez por su posición en materia de aborto y anunció en un tweet con un diseño similar al de una esquela "la muerte del PAN".

En la actualidad, en los careos disponibles Xóchitl Gálvez es la más competitiva de los posibles candidatos del Frente Amplio por México de cara a cualquiera de los posibles candidatos del Movimiento de Renovación Nacional.

 

 

Basta que los católicos más apegados a los mensajes cifrados que envíen los obispos sigan viendo esas fotos de los obispos con Verástegui para que entiendan que deben votar por quien se opone de manera radical e intransigente a cualquier forma de aborto.

Incluso bastaría con que los obispos desacreditaran, como suelen hacer frecuentemente, a la política como el ámbito de lo sucio, de lo corrupto, de lo desordenado, para desalentar la participación en las elecciones. Eso es algo que indirectamente golpea también a la candidatura de Gálvez, quien en redes sociales es llamada por los más cercanos a Verástegui (¡y a los obispos!) como “abortera” o “abortista”, para desacreditarla.

Es la estrategia del Non Expedit de Pío IX, papa de 1846 a 1878. Non expedit se traduce literalmente como “no conviene" o "no es conveniente". En el caso de Pío IX la idea era que no convenía que los católicos participaran en la política italiana cuando Giuseppe Garibaldi consumaba la unificación de ese país y desaparecían los Estados Pontificios por ser, precisamente, ese ámbito de la corrupción.

Pío IX, el campeón del catolicismo ultramontano e intransigente, usó el argumento del Non Expedit para desacreditar al gobierno italiano en 1868 y se mantuvo como posición oficial de la Santa Sede hasta 1919, cuando se abrogó.

Ello no impide, sin embargo, que los obispos usen ese tipo de estrategia para desacreditar a candidatos cuyas propuestas, por la razón que sea, consideran que son indignas de recibir el apoyo de los electores católicos.

Eso no le va a quitar a Gálvez el grueso de sus votos, pero basta que le quite el dos o tres por ciento del voto, para que deje de ser competitiva. Con eso le basta a Verástegui y quienes lo promueven para intentar imitar la ruta que siguió Vox en España o la que ha seguido Javier Milei en Argentina.

México, como Argentina, es un país con brutales injusticias y una creciente desigualdad. La política lejos de facilitar el que se resuelvan problemas, genera conflictos y discordia que López Obrador atiza todos los días y sus fieles amplifican en redes sociales e incluso en sus interacciones cotidianas.

Verástegui, como Milei o como Santiago Abascal Conde, el mandamás de Vox en España, no necesita preocuparse demasiado por cumplir lo que ofrece. Lejos de ello, puede ofrecer el cielo y culpar a “los otros” de que el cielo no llegue. Tiene la ventaja, por si fuera poco, de que en México López Obrador "normalizó" a Trump. 

No sólo eludió cualquier crítica de fondo del gobierno de Trump. Retrasó tanto como pudo el reconocimiento del triunfo de Joe Biden y académicos cercanos a él, como Lorenzo Meyer, han legitimado las quejas de fraude electoral de la derecha estadunidense.

Ya en 2020 Verástegui operó en Estados Unidos a favor de Trump. Al "destaparlo" como posible candidato a la presidencia en México, Trump paga el favor e inicia una dinámica que continuará durante el tiempo en que ambos países vivan los periodos de campaña electoral.

 

 

Y lo es también en términos de la relación entre la política y la religión, definida a partir del tema del aborto. En Estados Unidos, Trump cumplió con nombrar ministros de la Suprema Corte de Justicia que eventualmente abrogaron Roe vs. Wade, la sentencia que, durante 50 años, de 1973 a 2023, sustentó la política federal en materia de aborto en ese país, según el patrón que describí en una entrega previa de esta serie.

Pero incluso si Verástegui no ganara algo más que meter a algunos diputados en el Congreso federal, ello sería suficiente para detonar procesos similares a los que han llevado a Vox y a La Libertad Avanza, la organización de Javier Milei, a donde se encuentran ahora en España y Argentina, respectivamente, como factores que no pueden desestimarse para el futuro político de sus países.

Habrá que ver qué hará la Conferencia del Episcopado Mexicano con el "rezo del rosario" que dirige Verástegui y ver si intervienen o no las autoridades electorales.

 

Comments

  1. Hola Rodolfo
    A pesar de que evidentemente no comparto muchas de tus apreciaciones, sí me resulta agradable leerte porque me parece que haces un excelente trabajo de documentación.

    De hecho creo que eres el único que he leído que seriamente se ha puesto a analizar a Verástegui y lo que representa; considero que si finalmente decide lanzarse de lleno a la contienda presidencial, tomará a muchos por sorpresa el alcance que tendrá.

    De nuevo lo felicito por su gran labor periodística.

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